Zapatero a sus zapatos. (UTS: La nueva lagunada)

Posted on 18:59 by Hugo Triano Gomez | 0 comentarios


Hugo Triano Gómez.


 La educación no debería ser tratada nunca como un asunto menor. Por ello, México ha padecido y seguirá padeciendo las consecuencias. Y es que México desde hace mucho la politizó en vez de hacerla verdaderamente una política pública.
La última muestra de que las cosas en el sector no han cambiado, ni cambiarán tan fácilmente, se dio en Tabasco hace apenas unas horas.
La llegada a la rectoría de la Universidad Tecnológica del Usumacinta del ex diputado local Javier Calderón Mena, no solo raya en lo absurdo si se aprecia su no afinidad con la institución, -más allá de que cursó un diplomado en administración pública municipal con ellos- sino que enaltece los vicios que la antigua oposición, tanto le criticó a los gobiernos priístas. Tiene que verse desde el inicio, contrario a lo sugerido, el perfil del ungido para entenderlo así. Desde ahí es claro que lo que menos importa es el avance del Tecnológico en mención. Se impone -sin razón pública al menos- una nueva visión a mitad de un periodo estatutario con el riesgo de echar proyectos abajo, o en el "mejor" de los casos -que no lo es realmente- de meter en una parálisis al organismo.
Licenciado en administración de empresas, con postgrado en economía política en Rusia, cuando sus tiempos de la Unión Soviética, más el diplomado citado, diputado local y candidato a edil -no ganador- en su natal Zapata, además de regidor en funciones son los méritos que han hecho rector a Javier Calderón.
¿Qué plan puede llevar si estaba inmerso en la mediocre función que suelen desempeñar los regidores en un gobierno municipal? ¿Cuál es verdaderamente el merecimiento que tiene para ostentar tan relevante cargo?
Amén de su grisáceo papel en el Congreso tabasqueño, Javier Calderón es si acaso recordado por haber denunciado mediáticamente en el sexenio anterior, un presunto ataque a su persona cuando buscaba la presidencia municipal a la que se ligó finalmente siendo su décimo primer regidor.
¿Porqué no se eligió un académico, si de lo que se trataba era de hacer ajustes? ¿Ser oriundo de la zona o radicar en ella hacen merecedor a alguien de algo tan valioso? Aquí no se discute si Calderón Mena es "buena persona" o de "izquierda verdadera" o lo que alguien más pueda imaginar. Lo que queda claro es que no es leal a la ética, pues ha aceptado un cargo para el que no está preparado, que no buscaba, y al que irá primero a cobrar y a regocijarse después, del título de rector que con decisiones como éstas, no hacen más que abaratarse.
Triste es ver que en Tabasco, sigue bastando ser "amigo" o bien visto por el gobernador para ostentar lo que sea.
Amén de la discusión por la ilegalidad del nombramiento de Javier Calderón en la UTU siendo aún regidor, Calderón sigue ignorando la ética -indispensable para una buena educación- al aceptar un nombramiento bajo las circunstancias descritas por el depuesto rector Alberto Lastra González, quien ventilara que la mayoría de los integrantes del consejo directivo no participó en la votación de su sucesor y dejara entrever que ni siquiera se integró una terna para ello como mandata su reglamento interior.
Haciendo sospechar que en efecto el procedimiento fue así de irregular, llama la atención que el gobierno nuñista no haya "reaccionado" aún, 72 horas después de que sugiera la versión. El silencio acuñado en el caso, no hace más que recordar los episodios de la tragedia granierista en la que se privilegió la soberbia, antes que reconocer y corregir errores.
La nueva "lagunada", como ha llamado el Priísmo tabasqueño la unción de Javier Calderón es significativa finalmente, porque prenderá las luces de alarma en las demás universidades, jóvenes y maduras, reconocidas o no, donde aún en el pasado reciente se hizo de todo y no exclusivamente en pos del estudio, el arte, la ciencia y la tecnología.
La coyuntura debe servir para volver los ojos al alma mater, volverlos con la seriedad requerida. Para recuperar el extraviado sentido común, lo que debe ser, para darle al zapatero… sus zapatos.

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